José Eugenio, rectificar es de sabios

De las copas, los aplausos y los puros por doquier… al más absoluto silencio y la claudicación ante la Ley 42/2010, o, lo que es lo mismo, la Ley antitabaco. El Asador Guadalmina ha agachado la cabeza y acatará la medida –que no aceptarla, entendemos- tras permanecer cerrado su establecimiento una semana. Sin embargo, el expediente que podría acabar en sanción de hasta 145.000 seguirá su curso. ¿Debería llevarse hasta el final la multa o la retracción del empresario debería borrar esta de su “expediente”?

Hay muchas leyes que nos parecen injustas y no por ello tenemos la autoridad legal y moral, por qué no decirlo, para saltárnosla a la torera, como se dice popularmente, y hacer lo que mejor nos parezca, realmente lo que más nos conviene. Es el caso del Asador Guadalmina, restaurante insurrecto de esta polémica ley antitabaco que de una u otra manera pensó que la mejor manera de cambiar una normativa que a muchos les parece injusta era la oposición absoluta y el incumplimiento de la misma.

Claro, si esto fuera así, estaríamos en un Estado en el que las leyes serían meras “indicaciones” sobre cómo hay que comportarse, qué está bien y qué está mal pero en tierra de nadie, donde cualquier persona u organismo, ente o sociedad podría hacer su voluntad. Es por ello que, desde Málaga Emprende, si bien no queremos posicionarnos sobre si la ley con la que recibimos 2011 es o no adecuada, es justa o no, sí hay que hacer valer las normas y se deben respetar las leyes. Hay otras vías por las que reclamar o solicitar, mediante la unión del gremio, un cambio en el texto. Pero el camino iniciado por José Eugenio Arias, propietario del Guadalmina, no era el correcto.

Prueba, error y lección

Hace ya mes y medio aproximadamente que la Ley Antitabaco centra muchos de los debates en nuestro país. El Asador Guadalmina ha sido uno de los “desencadenantes” de estos en muchos casos y, sin lugar a dudas, José Eugenio ha conseguido, de forma consciente o inconsciente, que su restaurante sea conocido en toda España. Si desde el día 2 de enero su particular “revuelta” se hizo efectiva, ante la incredulidad, curiosidad y seguimiento del sector hostelero español, 40 días después aproximadamente se procedió al cierre del local, tras una serie de advertencias y amenazas de multa, así como la apertura de un expediente sancionador que le hará más daño incluso que las pérdidas consecuencia de la aplicación de la ley.

Y hoy, una semana después, José Eugenio Arias, seguramente muy bien asesorado por abogados y asesores, ha decidido ceder en su desafío a la Consejería de Salud, mediante un escrito en el que afirma va a acatar la ley. Será ahora ésta la que le notifique el permiso de apertura. Eso sí, siempre y cuando se compruebe que todos los signos externos –cartelería y un buen número de ceniceros- hayan desaparecido. Además, Arias deberá dejar claro que ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDO FUMAR, algo que será verificado in situ por los inspectores en las próximas jornadas.

Cuestión a parte será el expediente administrativo en curso por falta muy grave. Tras la notificación del día 8 sobre la posible multa, ha comenzado la cuenta atrás de dos semanas de plazo para que Arias defienda por escrito e intente dejar sin efecto esta medida coercitiva.

Es por ello que seguramente no estemos ante el último capítulo de esta teleserie –“El Asador insurrecto”-; quedará ver, primero, cuando se ordena la reapertura del negocio y, a continuación, conocer si se cancela el expediente sancionador. De no ser así, los 145.000 euros de multa posible seguramente volverá a traer al Guadalmina a la actualidad informativa.

Mayoría de cumplidores

Al margen del Guadalmina, la ley antitabaco parece estar teniendo más ruido y eco del que se merece en medios de comunicación y en los ámbitos político y social, puesto que un 98% de los bares españoles está acatando la norma. De hecho, según un estudio de mercado realizado por GfK, apenas un 5% de los hosteleros plantea resistirse, y sólo un 1,6% de los establecimientos está permitiendo fumar a sus clientes.

En cuanto al volumen de negocio del sector, no parece estar viéndose especialmente afectados a tenor de los datos de la consultora: solo una de cada diez personas ha alterado sus hábitos de consumo, el 90% de los ciudadanos españoles asegura que gasta lo mismo en un bar ahora que antes de empezar a aplicarse la ley y, de hecho, un 1,5% ha incrementado su gasto. Este último dato es interesante y, en opinión de GfK, este aumento se debe tanto a los que se plantean dejar este hábito como a los clientes no fumadores que aborrecían tomar un trago oliendo a cenicero.

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